Nicho de ANTONIO MARCO HERNÁNDEZ, en el cementerio de VILLARQUEMADO
Hemos encontrado muchas lapidas de esmalte repartidas por los cementerios de la provincia de Teruel.
En el cementerio de Villarquemado hay varias y hoy nos vamos a detener en la de Antonio Marco Hernández.
En el mausoleo que comparte con otros miembros de la familia vemos dos lápidas iguales, de hierro fundido con un gran esmalte ovalado de porcelana azul cobalto con letras blancas en el centro. Una lápida es de Mariano Romeo Mange, +1891, y de Antonia Rubira Arriaga, +1897; la otra lápida es de Antonio Marco Hernández, que es en la que nos vamos a detener:
En letras blancas leemos:
Aquí yace
d. Antonio marco y Hernández
falleció el 31 de mayo de 1898
a los 53 años de edad
rip
En la parte inferior de la porcelana podemos ver dos cartelas blancas con inscripciones en negro.
En la izquierda leemos
"En este triste lugar
yace D. Antonio Marco
quien con lagrimas y pesar
a cinco hijos ha dejado"
En la de la derecha pone:
"¡¡.... del padre adorado!!
Recuerda esta memoria,
fuiste en vida muy honrado
espéranos en la gloria".
En la parte de hierro vemos la representación de varios ramos de flores; en la parte izquierda vemos hiedra, que representa la fidelidad, la memoria y la amistad imperecedera, y a la derecha vemos unas adormideras, que representan el sueño eterno.
Lleva la firma del taller en la parte central de la placa. Estos esmaltados provenían de la fábrica deViñadoy Burbano de Zaragoza, que fue la primera fábrica de España especializada en objetos de hierro esmaltado., ya que se funda en 1890.
Sobre Antonio Marco sabemos que nació en Villarquemado, en 1845. Y en el artículo "La Miscelánea sobre Villarquemado 42 años después", Jesús Villel Sánchez nos dice que "Antonio Marco Hernández fue otro de estos paisanos ilustres, licenciado en leyes por la Universidad de Valencia, era aficionado a la pintura y a la poesía. En el periódico El Turolense publicó asiduamente bajo el seudónimo El Tiempo, entre los años 1877 y 1880. Dueño de un afilado estilo, plagado de corrosivos comentarios sobre temas de actualidad, igual escribía en prosa que en verso, y se vio envuelto en más de un rifirrafe dialéctico con lectores que contestaban a sus mordaces artículos o con aquellos que se daban por aludidos en los mismos. Gracias al Libro de Actas municipal, sabemos que fue él quien diseñó en el año 1895 el sello del Ayuntamiento, que todavía se utiliza en nuestros días".